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| Leo Branca |
Fue una kombi amarilla la que agarramos en la playa para llegar hasta nuestra casa. El momento cumbre sucedió al bajarnos de la kombi, cuando las niñas salieron corriendo hacia la calle que da con nuestra casa y se perdieron de vista. Mi mamá corrió detrás de ellas y luego yo, pero en la esquina me detuve en seco de forma inexplicable.
A mi izquierda brillaba un jardín engramado y lleno de flores, luego una casa de puertas abiertas con alfombras de colores, presumí entonces que las niñas podían estar dentro y caminé hacia la puerta. Violeta cargaba una alfombra azul mojada sobre su cabeza y salía hacia la puerta con una sonrisa enorme.
Le pregunté por Antonella y me señaló a un lado de la casa, donde una colchoneta extendida sobre el piso y algunos cobertores dibujaban la silueta de alguien y mi hija pequeña sentada a un lado con creyones y hojas. Entonces me preocupé, era una casa ajena y mi hija estaba jugando sobre la colchoneta en la que alguien desconocido descansaba.
La llamé y al momento de venir hacia mí, la silueta se movió. De pronto una mujer de cabello blanco pero con un rostro hermoso y juvenil se sentaba y se quedaba mirándome con plena normalidad.
–Al fin llegaron –me dijo y se levantó emprendiendo camino hacia la casa. Su inesperada expresión de normalidad y su porte juvenil me dejaron perplejo.
Definitivamente me conoce pero ¿Quién es esta mujer?
A mi izquierda brillaba un jardín engramado y lleno de flores, luego una casa de puertas abiertas con alfombras de colores, presumí entonces que las niñas podían estar dentro y caminé hacia la puerta. Violeta cargaba una alfombra azul mojada sobre su cabeza y salía hacia la puerta con una sonrisa enorme.
Le pregunté por Antonella y me señaló a un lado de la casa, donde una colchoneta extendida sobre el piso y algunos cobertores dibujaban la silueta de alguien y mi hija pequeña sentada a un lado con creyones y hojas. Entonces me preocupé, era una casa ajena y mi hija estaba jugando sobre la colchoneta en la que alguien desconocido descansaba.
La llamé y al momento de venir hacia mí, la silueta se movió. De pronto una mujer de cabello blanco pero con un rostro hermoso y juvenil se sentaba y se quedaba mirándome con plena normalidad.
–Al fin llegaron –me dijo y se levantó emprendiendo camino hacia la casa. Su inesperada expresión de normalidad y su porte juvenil me dejaron perplejo.
Definitivamente me conoce pero ¿Quién es esta mujer?

primarios, simboliza la totalidad y la síntesis de lo distinto, de lo serial. (...) Jesús como Juez es presentado con cabellos «blancos como la blanca lana» y los del Anciano de los Días son blancos «como la nieve»: La blancura simboliza el estado celeste. Lo blanco expresa una «voluntad» de acercamiento a ese estado"
ResponderBorrarHay en ti una búsqueda de sabiduría, Leo. Eso en relación a esta mujer bella que se te aproxima.